Página 77 - Economía Cafetera No. 30

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regiones del mundo - enfrentan limitaciones
en cuanto a la topografía y el clima, lo que
hace difícil la mecanización del cultivo y les
hace altamente dependientes de mano de
obra costosa. En consecuencia, la competi-
tividad vía precios no es viable. Con el fin de
hacer frente a estos retos, los caficultores co-
lombianos decidieron evaluar qué estrategias
de diferenciación podían ser implementadas
mediante la acción colectiva. Así, las Indica-
ciones Geográficas (IG) fueron identificadas
como una de las herramientas claves.
Los primeros pasos para evaluar el potencial
de una IG implican una profunda investiga-
ción sobre los factores de éxito que han sido
típicos de otras IG:
m
Determinar si existen factores de diferen-
ciación en las áreas de producción.
m
Entender los pasos necesarios para esta-
blecer y proteger una IG y si existe el mar-
co jurídico necesario para hacerlo.
m
Evaluación de las condiciones de mercado
para establecer qué ventajas de precio y
otras ventajas pueden existir (acceso prefe-
rencial, percepción favorable, etc.)
m
Estimar la disponibilidad de financiación y
capacidad de gestión para crear y admi-
nistrar la IG.
Este proceso se facilitó por la presencia de
la Federación Colombiana de Caficultores
(más conocida por sus siglas FNC
3
), que re-
ben ser abordados antes del lanzamiento de
una nueva IG. ¿El costo de implementar y ha-
cer cumplir las políticas del producto IG a ni-
vel doméstico y en otros países es mayor que
los beneficios esperados? ¿Cómo pueden im-
plementarse estas estrategias con un sistema
de aplicación sólido y objetivo que no repre-
sente un obstáculo para su comercialización
ni para disuadir a compradores potenciales?
En este documento examinamos la experien-
cia de los productores colombianos de café
en términos de cómo han superado los retos
de capacidad institucional, particularmente
en la implementación y administración de
una IG exitosa. El caso del café colombiano
es interesante en la medida que representa
un ejemplo de las oportunidades que pueden
concederse a los pequeños propietarios rura-
les mediante la acción colectiva. Como mu-
chos agricultores en el mundo en desarrollo,
la mayoría de caficultores colombianos po-
see pequeños lotes de terreno. En Colombia,
más de 500.000 familias están involucradas
en esta actividad y poseen, en promedio, me-
nos de cinco hectáreas de tierra, de las cuales
1,6 están sembradas en café. Los pequeños
lotes de tierra se traducen en que las fami-
lias cuentan con una capacidad individual
limitada para aumentar su competitividad.
Esto es particularmente cierto en los desa-
fiantes mercados de materias primas básicas
(“commodities”)
donde a menudo los precios
apenas cubren los costos de producción. Por
otra parte, cuando se trata de competir en
el mercado internacional, los productores co-
lombianos - como sus contrapartes en otras