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gobierno nacional y de toda Colombia que
los cafeteros debemos agradecer a través de
una ágil, eficiente y transparente ejecución.
Y así lo hemos hecho, en poco más de un
año se procesaron más de 4,6 millones de
facturas por valor de $1,1 billones desem-
bolsados en 590 municipios cafeteros de 21
departamentos, además se desarrolló un sis-
tema que permite el pago inmediato al mo-
mento de la compra-venta que se ejecuta a
través de las 34 cooperativas de caficultores y
un comercializador privado. Este sistema be-
nefició en 2013 a cerca de 90.689 pequeños
productores por $74.346 millones, esto es el
24% del total de beneficiarios del PIC.
Realizar esta enorme cantidad de transaccio-
nes, con eficiencia y transparencia, única y
exclusivamente a productores, se ha consti-
tuido sin duda en un inmenso esfuerzo al que
hemos dedicado una altísima proporción de
nuestra capacidad institucional. Además, lo
hemos hecho a un costo de programa muy
bajo frente a otros programas de cobertu-
ra similar. Solo para darles una idea, a un
programa como Familias en Acción le cuesta
cerca de $6 mil activar cada beneficiario y
$6 mil adicionales por transacción realizada;
en contraste, los costos de las transacciones
del PIC son de $13 pesos por transacción.
No está por demás reiterar que la Federación
ha realizado este arduo proceso sin ninguna
contraprestación económica.
Lo anterior, me obliga a volver al tema ins-
titucional, creo firmemente que ninguna otra
organización distinta a la Federación habría
podido asumir semejante reto y que de no
haberlo hecho, los cafeteros de Colombia en-
frentarían una situación aún más compleja de
la que ya de por sí viven. No obstante, debe-
mos reconocer que ningún sistema es perfec-
to y que con el tiempo se hacen vulnerables,
por lo que será necesario seguirlo mejorando
constantemente mientras dure su ejecución.
Nos falta analizar la última variable de la
ecuación de la rentabilidad, los costos de
producción. De un lado los costos laborales
representan cerca del 60% del costo de pro-
ducción del café en regiones de difícil meca-
nización, como son las ubicadas en nuestra
cordillera andina. Estos costos en Sur Améri-
ca (1,5 US$/hora) representan más del doble
de lo que son en Asia (0,7 US$/hora) y África
(0,3US$/hora) y por lo menos el 50% más
que en Centro América (0,98 US$/hora). En-
tre 2008 y 2013, el salario mínimo en Co-
lombia subió 35% y en términos reales 20%,
ubicándose alrededor de US$320. Así mis-
mo, el valor de la mano de obra en Colom-
bia es muy alto comparado con el valor del
salario mínimo de otros países productores:
por poner algunos ejemplos comparativos,
en Vietnam es el 16% de Colombia (USD50);
en Indonesia el 38% (US$123); en México
47% (US$149) y en Perú el 87% (US$279).
Por otra parte y teniendo en cuenta que la infla-
ción se ha situado alrededor del 3%, los costos
laborales se han incrementado como mínimo
en este porcentaje, lo que tiene como prin-
cipal consecuencia que el costo de la mano
de obra vaya siempre en aumento aunque los
precios del producto no se dirijan en la misma
dirección. De esta manera el costo impacta
proporcionalmente en otros costos como el de
la fertilización, el mantenimiento de los culti-
vos, los insumos, el transporte, el combustible,
el manipuleo, la comercialización, entre otros.
De otra parte, Colombia es tomador de pre-
cios en el mercado de fertilizantes, por lo que
depende del comportamiento de los precios
y de la oferta externa tanto de los fertilizantes
derivados del petróleo (urea), como de los
provenientes de depósitos minerales (fosforo
y potasio). Los costos de los insumos repre-
sentan el 40% de los costos de producción
y en su mayoría están asociados con costos
fijos, es decir que no están afectados por me-
joras en la productividad.
La carencia de infraestructura vial, los altos
costos del combustible, peajes y seguros
hacen que los costos de internación de los
agroinsumos en Colombia sean un 37% más
altos que en otros países de la región como
Ecuador o Perú, y casi el doble de los de
Brasil (80 US$/ton frente a 155 US$/ton en
Colombia).
Ahora bien, la competitividad no depende
solamente de los costos de producción, sino
también de las ventajas comparativas que tie-
ne el Café de Colombia por sus atributos de
calidad, diferenciación y posicionamiento en
el mercado internacional, que le representan
un nivel de precios más altos y primas asocia-
das a la calidad reconocidas por el mercado.
Por lo anterior, también hemos venido traba-
jando en estrategias de agregación de valor
con proyectos institucionales muy exitosos
como Buencafé y las Tiendas Juan Valdez.
La experiencia en este campo nos señala que
la producción de un café diferenciado nos
permitirá seguir siendo líderes en este sector,
lo que implica ahondar en el conocimiento
de nuestros consumidores actuales y futuros,
conocer y prever las siempre variables con-
diciones del mercado y trabajar en pro de la
prestación de un óptimo servicio, todo esto
sustentado con una producción que cuenta
con diferentes protocolos que redundan en la
calidad y la satisfacción, lo que nos ha per-
mitido una visibilidad y un reconocimiento a
nivel mundial. Es por ello que en nuestro país
más de 184 mil productores están trabajando
en esta dirección para que el café de Colom-
bia siga siendo diferenciado y fortalezca su
capacidad de capturar mayor valor.
En conclusión, los cafeteros colombianos
han actuado decididamente para mejorar la
productividad y la agregación de valor, que
son los factores que pueden gestionar, mien-
tras que los costos laborales, el precio de los
agroinsumos, el manejo de la tasa de cambio