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La experiencia institucional en la administración de programas

 

Un caficultor colombiano siente que hay institucionalidad cuando tiene la convicción de que se trabaja en función de sus intereses, cuando los objetivos de su institución involucran programas para el desarrollo humano y la rentabilidad del cultivo, cuando tiene seguridad en lo que hace porque hay seriedad en lo que se investiga, cuando adopta una recomendación tecnológica en su finca, cuando los componentes de la cadena productiva del café en su generalidad están cubiertos como la variedad a sembrar, el manejo agronómico del cultivo y la comercialización, cuando tiene a través del servicio de extensión un acompañamiento continuo, cuando recibe información oportuna, cuando puede llegar a un lugar físico o virtual de la institucionalidad a quejarse o a proponer y cuando elige y puede ser elegido.

¿Cuándo un caficultor defiende a su institucionalidad?, ¿Lo hace frente a un requerimiento oportuno cuando se atiende?, o también cuando considera esa institucionalidad como un espacio para participar, para construir, para mejorar y para reconocerle décadas de realizaciones y servicios.

Si bien es cierto el PIC es una importante ayuda, la operatividad del mismo involucra herramientas y resultados  de muchos años para poder ejecutarlo. No es de la noche a la mañana que un programa de esta cuantía y esta cobertura se pueda  realizar de manera eficiente y transparente por múltiples actores. Prueba de ello es la dificultad que han tenido otros sectores para distribuir eficiente y prontamente los subsidios que el gobierno aprecia.

Para empezar el Sistema de Información Cafetera (SICA) creado en 1997 es una fundamental herramienta de planeación de la organización y es la principal fuente de información para el diseño, formulación, trazado y seguimiento de políticas de competitividad y sosteniblidad de la caficultura colombiana. Y desde hace 10 años la información del SICA ha sido objeto permanente de auditorías por entidades oficiales y privadas como parte de un seguimiento y verificación a los programas que opera la Federación.

Este sistema hay que valorarlo y defenderlo. Ningún otro sector productivo ha construido una herramienta similar.

Llenaríamos muchos espacios si detalláramos los puntos a tener en cuenta para el pago del PIC. Solo la metodología para el pago de los cafeteros excedidos es un claro ejemplo de la validez de la Institucionalidad Cafetera. La propuesta metodológica aprobada por el Comité del PIC se hizo con base en los ecotopos. Estas regiones cafeteras delimitadas geográficamente en la que se encuentran condiciones predominantes de suelo, clima y relieve y donde se espera obtener una respuesta biológica del cultivo dentro de un sistema específico de uso y manejo, fueron diseñadas por un equipo de idóneos profesionales de la Institucionalidad hace 18 años.

A través de este estudio, se busca que las diferentes agrupaciones se puedan manejar como un universo muestral y que a través del diagnóstico regional sobre problemas y fortalezas de la caficultura se puedan orientar los proyectos a un uso más racional de los recursos naturales. No hay ningún otro sector del país que tenga un sistema parecido para poder realizar de forma técnica y profesional estas revisiones.

Y precisamente el Comité del PIC aprobó esta metodología porque en las visitas a fincas realizadas por el Servicio de Extensión creado en el año 1959 hay trasparencia, eficiencia y criterio para la estimación de productividades en las fincas cafeteras ubicadas en 86 ecotopos. Ningún otro sector tiene un servicio de extensión comparable al cafetero que pueda desplegarse de esta forma para este objetivo.

Todos estos puntos de análisis son posibles gracias a las realizaciones de la institucionalidad. Lo que se mira en las fincas de los excedidos son por ejemplo la presencia de variedades como la Castillo® con productividades excepcionales y  cuyos inicios de su investigación se iniciaron hace más de 30 años.  Hoy  esas variedades resistentes, apreciadas y demandadas por clientes internacionales y por productores que ya han experimentado sus bondades, se han   constituido en el principal soporte para tener una caficultura con 545.000 hectáreas con resistencia a la roya, el 57% del parque cafetero. Variedades y metas de renovación que también han sido posibles gracias a la institucionalidad cafetera.

Precisamente por existir una institucionalidad, Cenicafé ha producido variedades como la Colombia y la Castillo, donde el mejoramiento es una tarea dinámica para  monitorear la resistencia y generar nuevas combinaciones genéticas que se incluyen en nuevas variedades.

Los diferentes pagos del PIC como el pago inmediato, o a través de la cédula cafetera, o el Daviplata, o  el cheque,  o el traslado a cuentas bancarias, se han podido ejecutar porque hay un camino de años de ejecuciones de la Institucionalidad en programas de entrega de recursos, lo que permite tomar experiencias y adaptarlas a las circunstancias. Ningún otro sector puede demostrar algo similar.

Todos estos elementos administrativos, tecnológicos y agronómicos comprometidos en el PIC llevan años de recorrido con las oportunidades de mejora que brindan los años. Es esa Institucionalidad la que con certeza puede poner a operar instrumentos y resultados de sus investigaciones  con la seguridad en la eficiencia de los programas y la transparencia en el manejo de recursos. Es por eso que otros sectores miran con sana envidia los logros y la infraestructura que ha desarrollado la institucionalidad cafetera y que desafortunadamente ellos no disponen. Para ellos, los debates son bien diferentes: quisieran tener algo parecido a lo que los cafeteros ya tienen

Carlos Aramando Uribe, Profesor Yarumo 
1996 – 2013