164 veces visto

La variabilidad climática y la adaptación de nuestra caficultura

Son variadas las megapresiones que hoy día ponen en riego el planeta. Los expertos señalan principalmente cuatro: El crecimiento demográfico, el deterioro de los ecosistemas, los cambios extremos del clima y la incapacidad de los seres humanos para enfrentar estas consecuencias.

Sin embargo, el aporte de todos, incluso desde lo local, se constituye en un aporte definitivo para que nuestro  país con 114 millones de hectáreas posea el 10% de la biodiversidad del mundo, lo que lo cataloga como país megadiverso.

Los conceptos y actividades derivadas de las megapresiones y la megadiversidad, también merecen un análisis en materia cafetera. Presiones para violar principios de relación armónica con la naturaleza siempre se han tenido, sin embargo el cafetero y su institucionalidad han mantenido a través de los años, conceptos claros que han minimizado los efectos del deterioro ambiental cafetero y  donde la calidad de nuestro grano con la sostenibilidad, han hecho de Colombia un país cuya demanda de su café crece día a día.

Además de contar con una inmensa ventaja como es el parque actual cafetero, no solo con una caficultura tecnificada joven en su mayoría sino resistente a la roya.

El café a través de la historia ha tenido un manejo sostenible, pues en cada paso del proceso productivo del café, siempre ha existido una acción que respalde esa sostenibilidad, desde el inicio del cultivo con la selección de la semilla y la construcción del germinador, hasta el beneficio del café. Las recomendaciones generadas en la investigación siempre se han hecho pensando en las futuras generaciones y en un cultivo que tiene como entorno recursos como el suelo y el ambiente los cuales deben conservarse y cuidarse.

Así mismo el manejo del sombrío en el café, con la responsabilidad y la racionalidad que ello implica, deben tener un enfoque conservacionista y de prevención del deterioro de nuestros ecosistemas.

Hoy la zona cafetera Colombiana posee un poco  más de  la mitad de su caficultura al sol. La pregunta que objetivamente hay que hacerse es si nuestra caficultura debe tener más área a la sombra o más área al sol. En otras palabras, si todas las hectáreas bajo la sombra son todas  las que están y si   las áreas que están bajo el sol  son todas las que son.

Los pronósticos de posibles niños o niñas, según los conocedores del clima, involucran la decisión de establecer o no un sistema agroforestal de sombrío.

Para ello hay que tener en cuenta fundamentalmente los principales criterios para tomar la decisión de establecer un sistema de producción de café a libre exposición solar o bajo sombra.

Condiciones óptimas de clima como un brillo solar entre las 1500 y las 1800 horas  al año, una temperatura que oscila entre los 19 y los 21.5 grados centígrados, una alta nubosidad, una precipitación entre los 1.800 y los 2.000 mm anuales, una altura en metros  sobre el nivel del mar en un rango de 1.200 a 1.800 y unos suelos sin deficiencias hídricas en determinadas épocas del año, seguramente serán argumentos en cuanto a clima favorable para establecer una caficultura al sol.

Sin embargo, las condiciones óptimas del suelo son también determinantes para decidirse por una caficutura al sol. Por eso suelos de relieve ondulado, con pendientes menores al 50%, sin limitaciones nutricionales y no susceptibles a la erosión deben de tener total coherencia con las condiciones óptimas climáticas señaladas para una determinación de una caficultura al sol.

Muchas zonas cafeteras colombianas, con períodos de sequía prolongados, pero con suelos óptimos y manejos oportunos del sombrío, han dado como resultados productividades muy competitivas, debido a que se ha entendido que lo fundamental del sombrío radica en la oportunidad de su manejo y no en el tipo de especies arbóreas o en sus distancias de siembra. 

Regular el sombrío es una práctica  tan fundamental, como la misma fertilización o la decisión al seleccionar una variedad susceptible o resistente a la roya del café.

Los conceptos de sombra seca o paradoja edáfica corroboran lo anterior. El primero se refiere a que el sombrío se cierra tanto, que  el agua no llega a los cafetales y se queda en el dosel o el toldo de los árboles y el segundo a que la hojarasca del sombrío es tan alta, que la humedad no llega al suelo.

Así mismo la alta radiación solar con más de 1.800 horas de brillo solar por año, las altas temperaturas, la baja nubosidad y las deficiencias hídricas en el suelo son factores climáticos a tener en cuenta para decidir si una plantación de café debe tener sombrío. 

A lo anterior se le deben sumar condiciones  de suelo poco profundos y con limitaciones nutricionales, pendientes mayores del 50% y suelos susceptibles a la erosión. 

Las diferentes combinaciones de estas variables entre condiciones óptimas y débiles de clima y suelos son las que nos deben ayudar a tomar la mejor decisión en un entorno indiscutible de variabilidad climática.

Ya la investigación ha determinado el significado de un sistema agroforestal cafetero. Se refiere a un conjunto de prácticas de manejo del cultivo, donde se pueden combinar especies arbóreas en asocio con el café y cuyo objetivo es el del manejo y conservación del suelo y el agua y el mantenimiento y aumento de la producción, todo por supuesto en beneficio de la “sostenibilidad y el fortalecimiento del desarrollo social y económico de las familias cafeteras”.

Como se puede observar, establecer cafetales al sol o la sombra, exigen reflexiones muy integrales y los criterios de selección para tal práctica involucran análisis de responsabilidad ambiental económicos y comerciales  en un mundo que quizás, los conceptos de variabilidad y cambio climático, nos hagan romper paradigmas.

Carlos Aramando Uribe, Profesor Yarumo
1996 – 2013