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Nuestra caficultura frente a dignos competidores

 

La caficultura centroamericana posee hoy 1.400.000  hectáreas en café. México, Honduras, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica, República Dominicana y Panamá, son los países de mayor a menor, responsables de la producción cafetera de esta parte central del continente americano.

 

Un análisis integral de esta caficultura permite decir que un 62% de su caficultura es mayor de 20 años, un 21% está entre los 11 y 20 años y un 17% es menor a 10 años. Vale la pena aclarar que de las 230.000 hectáreas en Centroamérica menores a 10 años, más de 150.000 corresponden a Honduras, Guatemala, Nicaragua y que México por ejemplo con casi 670.000 hectáreas posee 600.000  mayores de 20 años.

 

La cada vez más cambiante oferta ambiental, sumada a su vulnerabilidad a los huracanes, las deficientes practicas agronómicas al cultivo y la falta de un programa ambicioso y sostenible de variedades resistentes, ha generado una inmensa preocupación en productores, empresarios vinculados a la cadena del café y autoridades cafeteras de estos países por los altos porcentajes de infección de la roya del café, con las consecuentes disminuciones en la producción de 2013.

 

Esta caficultura se estima que produce alrededor de 20 millones de sacos de café verde de 60 kilos por año y aunque los pronósticos de pérdidas de cosecha por la presencia de la roya y la edad avanzada de los cafetales varían dependiendo del organismo que emite el concepto, los vaticinios de la disminución de la cosecha cafetera oscilan entre los 2.5 y los 5 millones de sacos para la cosecha 2013-2014.

 

Prácticamente todos estos países han declarado la emergencia fitosanitaria por los efectos de la roya y diferentes organizaciones de sanidad vegetal han calificado la situación como una verdadera pandemia o especie de calamidad. Ello implica que dichos efectos reclaman urgentes atenciones económicas, investigativas,  técnicas y educativas de manera articulada entre los gobiernos y de las instituciones cafeteras.

 

Hace unos días por ejemplo, un representante de la Asociación Nacional del Café (Anacafé) de Guatemala, me expresó su preocupación por la situación cafetera de su país. Hoy ellos poseen 276.000 hectáreas de café en manos de 90.000 productores y el porcentaje de variedades resistentes a la roya es de solo el 5%. Cuando le pregunté cuántos años se demorarían en tener la mitad de su caficultura con variedades resistentes a la roya me dijo de manera enfática: “10 años”. Y eso que Guatemala es el país centroamericano con la caficultura más joven, pero susceptible en alto grado como todos sus vecinos a la enfermedad de la  roya del café.

 

La prueba de ello son las continuas peticiones a Colombia de los Gobiernos y autoridades cafeteras centroamericanas para proveerlos de semillas resistentes a la roya del café. Guatemala fue uno de ellos. La respuesta de la Federación Nacional de Cafeteros es que fundamentalmente la cantidad de semilla  Variedad Castillo® producida en Cenicafé y en los predios que siguen un estricto protocolo, alcanza solo para satisfacer las necesidades nacionales. Además de expresarles que la investigación de una variedad como la castillo por más de 20 años, se desarrolla bajo condiciones latitudinales y en ambientes agroecológicos nuestros.

 

Pero si en Centroamérica llueve en el Perú no escampa. La Junta Nacional del Café de ese país,  dijo hace unos días, que la roya del café afecta unas 139.000 hectáreas, un tercio de su caficultura, y que el nivel de infección de los predios puede llegar al 50% por esta enfermedad. El 76% de la caficultura Peruana es susceptible a la roya y su cosecha puede disminuir en 1.5 millones de sacos de 60 kilos.

 

 

La zona cafetera colombiana tuvo en los últimos años incrementos de lluvia demasiado preocupantes, lo que ocasionó devastadores efectos de esta enfermedad sobre la productividad de las plantas de café. Un trabajo de vigilancia fitosanitaria liderado por la Gerencia Técnica, diseñado con la orientación de Cecinaré y ejecutado por el Servicio de Extensión llamado “Diagnóstico continuado de roya y broca” determinó por ejemplo en mayo de 2010 una infección de roya en Colombia cercana a 30%.

Y las precipitaciones llegaron a estar un 35% por encima de los promedios anuales de lluvias. Un hecho fundamental en la producción cafetera es la radiación solar, la cual estuvo un 11% por debajo de los promedios anuales. Un cafetal con una merma de horas de brillo solar de esta magnitud en tiempos decisivos para una producción cafetera tiene que ocasionar preocupantes bajas en las cosechas cafeteras.

Toda esta situación hizo que la Institucionalidad Cafetera colombiana tomara con la ayuda del Gobierno nacional cartas urgentes en el asunto. Por eso los programas de crédito para la renovación de cafetales, la provisión suficiente de semilla Variedad Castillo® por parte de Cenicafé, las estrategias de comunicación, la labor de compromiso del Servicio de Extensión y fundamentalmente la decisión y el trabajo de los cafeteros Colombianos permiten hoy con orgullo, tener resultados y esperanzas con cifras muy halagadoras.

Colombia tiene hoy 458.000 hectáreas de café menores de 5 años y el 56% de su caficultura es resistente a la roya. Hoy la caficultura colombiana se resume en tres cifras fundamentales: 708.000 hectáreas tecnificadas jóvenes, incluyendo algunos cultivos de café caturra en edad productiva a los cuales hay que controlarles la roya, 169.000 hectáreas tecnificadas envejecidas y 53.000 hectáreas tradicionales que por supuesto hay que renovarlas. El promedio nacional de infección de roya es del 7.2%. En contraste con el alto nivel de vulnerabilidad fitosanitaria y productiva de nuestros dignos competidores, en Colombia seguimos preparando la caficultura para adaptarnos al denominado cambio climático.

Semejante parque cafetero, como el colombiano, envidiado por los países productores vecinos, garantiza la sostenibilidad de nuestra caficultura para los próximos 20 años, siempre y cuando se conserve una dinámica normal de renovación de cafetales, una adecuada fertilización de los mismos, una eficiente administración y manejo agronómico de los predios cafeteros y unas  ayudas gubernamentales oportunas, cuando los precios del café no son los más competitivos.

Carlos Aramando Uribe, Profesor Yarumo 
1996 – 2013